La 3ª ponencia de la jornada formativa del 15 de junio, estuvo a cargo de la D. Esteban Ezama Coto, y llevó por título Trabajando para mujeres maltratadas y sus hijas e hijos.
Comenzó con la lectura de un texto procedente de un trabajo que Mary Ainsworth, quien construyó los cimientos de la Teoría del Apego, realizó en Uganda en los años 50. La Teoría del Apego propuesta por Jonh Bowlby, es una teoría sobre el desarrollo en los seres de los vínculos de apego y cuidado humanos que ayudan a la supervivencia. De ahí que se enfatice la importancia del apego y su relación con la regulación de las emociones.
Cuadro 1 Estilos de apego en función de los modelos de sí mismo y de los otros |
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Ansiedad (temor al rechazo y al abandono) |
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Bajo |
Alto |
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Evitación (incomodidad con la cercanía) |
Bajo |
Seguro |
Preocupado |
Alto |
Rechazante |
Temeroso |
Los niveles de estrés de las niñas y niños y la calidad del vínculo afectivo desde muy corta edad dependen, fundamentalmente, del estilo de cuidado de las figuras de apego (pasadas y presentes): la receptividad de la persona cuidadora ante las llamadas de atención del menor; la sensibilidad. Las personas construimos en nuestras primeras relaciones un juicio sobre nosotros mismos y sobre el resto.
Cuando trabajamos con personas en conflictos familiares graves debemos asumir que nuestros consultantes nos pueden necesitar como figuras de apego. La intervención debe estar basada en la colaboración, centrada en los recursos de las personas, orientada al cambio y guiada por los objetivos de las propias personas. Debemos ver a las instituciones como gente trabajando y decidiendo, consideradas como parte de ellas.
«Lo profesional es personal cuando trabajamos con personas maltratadas».
En este momento, se recomienda recordar el Experimento de Milgram, en Yale o consultar el experimento de Zimbardo de la cárcel de Stanford. Que inspiró la película de Oliver Hirschbiegel del 2001, “El experimento”. El problema es que si no nos duele herimos fácilmente, y hay que evitar hacer daño también a esas personas para las que trabajamos.
Hay que resaltar dos cosas que hacen valiosa a una persona: que le protejan y aseguren su bienestar y que le busquen como fuente de protección y cuidados. Cuando una mujer maltratada dice que quiere a la persona que la maltrata puede estar diciendo 2 cosas: (a) que no ha renunciado a ella como figura de apego y (b) que no ha renunciado a ella como figura a proteger y cuidar. Los buenos cuidados promueven en el cuidador la sensación que Erik Erikson llamó “generatividad”, el sentido de que uno es más que un ser aislado y de que es capaz de contribuir al bienestar de los demás.
Nuestra construcción como humanos la gobierna el concepto de Ubuntu: “Yo soy porque nosotros somos” o “Yo soy porque nosotros hemos sido”, si olvidamos este lema, podemos hacer daño a las personas con y para las que trabajamos.